Estrés, Digestión y metabolismo – Parte VI

¿Cuántas veces no te has mirado en el espejo, te ha gustado cómo te ves ese día y así, de forma inmediata, tu humor y tu energía mejora? Mucho se ha hablado en los últimos tiempos de cómo el acto de observar (tomar consciencia) de un fenómeno tiene una influencia directa en este. En este mismo sentido, la consciencia que tomamos sobre nosotras mismas y sobre nuestro cuerpo tiene un impacto directo en nuestra bioquímica, nuestra energía y nuestro metabolismo.

¿Pero qué es tomar consciencia? Tomar consciencia es estar presentes, estar abiertas a lo que es, es nuestra capacidad de experimentar y vivir al máximo lo que la vida nos entrega en este preciso momento. Llevar esta experiencia de presencia y consciencia a nuestra relación con los alimentos y con nosotras mismas es uno de los regalos de vida más valiosos que nos podemos dar.

 

La digestión comienza en la mente

Estar presentes al cien cuando comemos pone en marcha la asimilación de nutrientes, la digestión y la quema calórica. A esto se le llama la fase cefálica de la digestión. Cefálico significa “en la cabeza” y en palabras simples se refiere al estímulo que recibimos a través del aroma y la visión de una comida. A todas nos ha pasado ver una foto de una tarta deliciosa y sentir cómo las papilas gustativas se han puesto a mil y estamos salivando. Pues esto, justamente, es la fase de la digestión que se encuentra “en la cabeza”.

Los receptores químicos y mecánicos de nuestra lengua y nariz se estimulan al oler la comida, ver la comida, sentirla en la lengua, masticarla. Esta toma de conciencia de los alimentos que estamos por ingerir inicia la secreción de saliva, ácidos gástricos y enzimas. Así mismo, provoca que más sangre llegue a los órganos digestivos, que el estómago y los intestinos se contraigan rítmicamente y elevar la concentración de electrolitos en el tracto digestivo.

Entre un 30 y un 40 por ciento de la respuesta digestiva está regida por la fase cefálica de la digestión, lo que quiere decir que si comemos sin atención plena y sin consciencia estamos aprovechando únicamente el 60 o 70 por ciento de los nutrientes de nuestros alimentos.

 

Más conciencia, menos apetito

¿Alguna vez te ha pasado comer una comida satisfactoria en tamaño, pero después de comer te das cuenta que tu estómago está lleno pero tu boca aún quiere comer? Esto se debe a que el cerebro debe experimenta los sabores, olores y colores, debe vivir el placer y la satisfacción para poder provocar una reacción digestiva eficiente. Cuando comemos muy rápido o sin prestar atención a lo que comemos el cerebro lo malinterpreta como hambre. Y entonces buscamos más alimentos aunque nos sentimos satisfechas. En palabras simples, mientras menos atención pongas cuando comes, más tendrás que comer y más difícil te será contener los antojos.

Apaga la televisión, pon la mesa, enciende un par de velas, pon música suave y disponte a disfrutar de tu comida. Si te parece demasiado hacer esto para ti sola, invita a alguna amiga o pariente a compartir la comida contigo. Disfruta tu comida y observa cómo de esta manera, ayudas a que los antojos y el comer de más vayan desapareciendo poco a poco.

Si quieres leer la entrada anterior de este post haz click aquí: Estrés, digestión y metabolismo – Parte V
Saludos,

 

Firma Isa Blanco

 

 

 

Basado en el libro LA DIETA DEL SOSIEGO (Comer por placer, para obtener energía y para adelgazar), escrito por Marc David.

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